jueves, 29 de noviembre de 2012

LECTURA PARA PADRES.


Cotidie morimur

Publicado por caboclo

Fotografía: Dorothea Lange
Hubo un tiempo en que lo habitual era fallecer tan sólo una vez, con el corazón traspasado por una adarga o una mirada de desprecio. A menudo se moría también de pura hambre, de deseo o de impotencia. Era cruel para los deudos; sin embargo, la rapidez del tránsito y su cotidianeidad obligaban a asumir desde edad temprana la fiereza del destino humano. Después inventamos la medicina para emular el poder de los dioses. Ahora morimos, quizás, siete u ocho veces en la vida y sobrevivimos con dolor y desasosiego a todos los decesos excepto al último. También hemos desarrollado una extraña habilidad que nos permite olvidar las muertes repetidas y pensar así que habitamos en la frontera de la eternidad. Probablemente somos una especie más feliz, aunque a nuestro alrededor se muera y resucite a diario. 


Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres mujeres

I
El hombre que me ame

deberá saber descorrer las cortinas de la piel,

encontrar la profundidad de mis ojos

y conocer lo que anida en mí,

la golondrina transparente de la ternura.

II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado 
con el mismo amor

con que yo estaré al lado suyo.

III
El amor del hombre que me ame

será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,

limpio como una mañana de diciembre.

IV
El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo,

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo.

V
El hombre que me ame

podrá encontrar en mí

la hamaca donde descansar

el pesado fardo de sus preocupaciones,

la amiga con quien compartir
sus íntimos secretos,

el lago donde flotar

sin miedo 
de que el ancla del compromiso

le impida volar 
cuando se le ocurra ser pájaro.

VI
El hombre que me ame

hará poesía con su vida,

construyendo cada día

con la mirada puesta en el futuro.

VII
Por, sobre todas las cosas,

el hombre que me ame

deberá amar al pueblo

no como una abstracta palabra
 sacada de la manga,

sino como algo real, concreto,

ante quien rendir homenaje
con acciones
y dar la vida 
si es necesario.

VIII
El hombre que me ame

reconocerá mi rostro en la trinchera

rodilla en tierra
me amará
 
mientras los dos disparamos juntos

contra el enemigo.

IX
El amor de mi hombre

no conocerá el miedo a la entrega,

ni temerá descubrirse
ante la magia del enamoramiento

en una plaza llena de multitudes.

Podrá gritar -te quiero-

o hacer rótulos en lo alto de los edificios

proclamando su derecho a sentir

el más hermoso y humano de los sentimientos.

X
El amor de mi hombre

no le huirá a las cocinas,

ni a los pañales del hijo,

será como un viento fresco

llevándose entre nubes de sueño y de pasado,

las debilidades que, por siglos,
nos mantuvieron separados

como seres de distinta estatura.

XI
El amor de mi hombre

no querrá rotularme
y etiquetarme,

me dará aire, espacio,

alimento para crecer y ser mejor,

como una Revolución

que hace de cada día

el comienzo 
de una nueva victoria.



Recomiendo la lectura de este blog, plagado de textos breves y microrrelatos maravillosos. Pinchad en él para poder acceder.



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