jueves, 12 de diciembre de 2013

RELATOS DE NAVIDAD PARA TODA LA FAMILIA (TERCERA PARTE)

Hoy, un relato que muchos ya conocéis, el Cuento de Navidad de Dickens, un clásico en estas fiestas. Se trata de una historia centrada en el cambio de actitud de una persona que, hasta la llegada de la Nochebuena, había sido huraña, calculadora y tacaña. Es, además, una narración con trasfondo social sobre la revolución industrial del siglo XIX en Inglaterra. Ebenezer Scrooge es un hombre muy avaro que odia la Navidad. Vive solo y es adicto a su trabajo.
Durante la víspera de Navidad, el fantasma de un ex-amigo suyo le anuncia la visita de tres espíritus de la Navidad que le darán la última oportunidad de salvación.
Cada fantasma le muestra su pasado y presente desde una perspectiva distinta. Por último, el fantasma de la Navidad Futura (el de carácter más sombrío de todos) le muestra una verdad desgarradora: el destino de los avaros.  Al final, Scrooge cambia y se convierte en un ser bondadoso, descubre el amor y la solidaridad que sólo la Navidad nos puede dar.

Dickens mezcla realismo mágico y novela gótica (con toques de terror y sobrenaturales) con una dura crítica social. Refleja la miseria de los trabajadores de la capa más baja de aquella sociedad.
Los valores que aporta la historia son únicos: solo la bondad y caridad pueden remediar algunos de los grandes males de la época (como el maltrato y la explotación de los obreros).
Al Cuento de Navidad se le conoce también como Un Cuento de Navidad o Canción de Navidad. Es un relato de fantasmas y uno de los clásicos del genial Dickens. Con este tierno relato, el autor se propuso remover las conciencias de sus lectores y convencerlos de la necesidad de ser bondadosos y de practicar la caridad en un mundo injusto.
La caricatura, la inquietud social y el sentimiento conseguidos por Charles Dickens en esta narración, hacen que mantenga intacta aún hoy su capacidad para conmover y hacer disfrutar.
EN ESTE ENLACE PODÉIS LEER EL RELATO COMPLETO, ESPERO QUE LO DISFRUTÉIS.
PARA PRACTICAR INGLÉS Y CON SUBTÍTULOS EN CASTELLANO (CON ALGUNA TILDE MAL COLOCADA Y OTRAS SIN COLOCAR) TENÉIS ESTE VÍDEO TAN LOGRADO.
También quiero que leáis esta carta dirigida al protagonista de Cuento de Navidad que incluye citas textuales de la obra y que he encontrado por Internet. Al final cito la fuente.
Querido Scrooge…
“¡Oh! Pero Scrooge era atrozmente tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso, incorregible, duro y esquinado como el pedernal, pero del cual ningún eslabón había arrancado nunca una chispa generosa; secreto y retraído y solitario como una ostra. El frío de su interior le helaba las viejas facciones, le amorataba la nariz afilada, le arrugaba las mejillas, le entorpecía la marcha, le enrojecía los ojos, le ponía azules los delgados labios; hablaba astutamente y con voz áspera. Fría escarcha cubría su cabeza y sus cejas y su barba de alambre. Siempre llevaba consigo su temperatura bajo cero; helaba su despacho en los días caniculares y no lo templaba ni un grado en Navidad.
(…) Jamás le detuvo nadie en la calle para decirle alegremente: “Querido Scrooge, ¿cómo estáis? ¿Cuándo iréis a verme?” Ningún mendigo le pedía limosna, ningún niño le preguntaba qué hora era, ningún hombre ni mujer le preguntaron en toda su vida por dónde se iba a tal o cual sitio. Aun los perros de los ciegos parecían conocerle, y cuando le veían acercarse arrastraban a sus amos hacia los portales o hacia las callejuelas, y entonces meneaban la cola como diciendo: “Es mejor ser ciego que tener mal ojo”.
(…) “Scrooge hizo más de lo que había dicho. Hizo todo e infinitamente más: y respecto de Tíny Tim, que no murió, fue para él un segundo padre. Se hizo tan buen amigo, tan buen maestro y tan buen hombre, como el mejor ciudadano de una ciudad, de una población o de una aldea del bueno y viejo mundo. Algunos se rieron al verle cambiado; pero él les dejó reír y no se preocupó, pues era lo bastante juicioso para saber que nunca sucedió nada bueno en este planeta que no empezara por hacer reír a algunos: y comprendiendo que aquéllos estaban ciegos, pensó que tanto vale que arruguen los ojos a fuerza de reír, como que la enfermedad se manifiesta en forma menos atractiva. Su propio corazón reía, y con eso tenía bastante. (…)
No volvió a tener trato con los aparecidos, pero en adelante tuvo mucho más con los amigos y con la familia, y siempre se dijo que, si algún hombre poseía la sabiduría de celebrar respetuosamente la fiesta de Navidad, ese hombre era Scrooge.
¡Ojalá se diga con verdad lo mismo de nosotros, de todos nosotros! Y también, como hacía notar Tiny Tim, ¡Dios nos bendiga a todos!”
(Publicado en Fragmentos, Pareceres por Alguien en 25 diciembre 2010)







miércoles, 11 de diciembre de 2013

RELATOS NAVIDEÑOS PARA TODA LA FAMILIA (SEGUNDA PARTE).


LA NIÑA DE LOS FOSFOROS.Hans Christian Andersen. 
¡Qué frío hacía! Nevaba y comenzaba a oscurecer. Era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Al salir de su casa llevaba botitas, pero, ¡de qué le sirvieron! Eran de su madre, y a la pequeña le venían tan grandes que las perdió al cruzar corriendo la calle para evitar ser atropellada por dos coches que venían a toda velocidad. Una de las botitas no hubo medio de encontrarla.
Y así la pobrecilla andaba descalza con los desnudos piececitos amoratados por el frío. En un viejo delantal llevaba un puñado de fósforos, y un paquete en una mano. En todo el día nadie le había comprado nada, ni le había dado un mísero centavo; se volvía ya a su casa hambrienta y medio helada, ¡parecía tan abatida! Los copos de nieve caían sobre su largo cabello rubio, cuyos hermosos rizos le cubrían el cuello.
En un ángulo que formaban dos casas -una más saliente que la otra-, se sentó en el suelo y se acurrucó hecha un ovillo. Encogía los piececitos todo lo posible, pero el frío la iba invadiendo, y, por otra parte, no se atrevía a volver a casa, pues no había vendido ni un fósforo, ni recogido un triste céntimo. Su padre le pegaría, además de que en casa hacía frío también. Solo los cobijaba el tejado, y el viento entraba por todas partes, pese a la paja y los trapos con que habían procurado tapar las rendijas. Tenía las manitas casi ateridas de frío. ¡Ay, un fósforo la aliviaría seguramente! ¡Si se atreviese a sacar uno solo del manojo, frotarlo contra la pared y calentarse los dedos! Y sacó uno: «¡ritch!». ¡Cómo chispeó y cómo quemaba! Dio una llama clara, cálida, como una lucecita. Le pareció a la pequeñuela que estaba sentada junto a una gran estufa de hierro, con pies y campana de latón; el fuego ardía magníficamente en su interior, ¡y calentaba tan bien! La niña alargó los pies para calentárselos pero se extinguió la llama, se esfumó la estufa, y ella se quedó sentada, con el resto de la consumida cerilla en la mano.
Encendió otra, que, al arder y proyectar su luz sobre la pared,  la volvió transparente como si fuese de gasa, y la niña pudo ver el interior de una habitación donde estaba la mesa puesta, cubierta con un blanquísimo mantel y fina porcelana. Un pato asado humeaba deliciosamente, relleno de ciruelas y manzanas. Pero en aquel momento se apagó el fósforo, dejando visible tan solo la gruesa y fría pared.
Encendió la niña una tercera cerilla, y se encontró sentada debajo de un hermosísimo árbol de Navidad. Era aún más alto y más bonito que el que viera la última Nochebuena, a través de la puerta de cristales, en casa de un rico comerciante. Millares de velitas ardían en las ramas verdes, y de éstas colgaban pintadas estampas, semejantes a las que adornaban los escaparates. La pequeña levantó los dos bracitos... y entonces se apagó el fósforo. Todas las lucecitas se remontaron a lo alto, y ella se dio cuenta de que eran las rutilantes estrellas del cielo; una de ellas se desprendió y trazó en el firmamento una larga estela de fuego.
 «Alguien se está muriendo» -pensó la niña-, pues su abuela, la única persona que la había querido y que ya había muerto, le había dicho: 
-Cuando una estrella cae, un alma se eleva hacia Dios.
Frotó una nueva cerilla contra la pared; se iluminó el espacio inmediato, y apareció la anciana abuelita, radiante, dulce y cariñosa. 
-¡Abuelita! -exclamó la pequeña-. ¡Llévame, contigo! Sé que te irás también cuando se apague el fósforo, del mismo modo que se fueron la estufa, el asado y el árbol de Navidad.
Se apresuró a encender los fósforos que le quedaban, afanosa de no perder a su abuela; y los fósforos brillaron con luz más clara que la del pleno día. Nunca la abuelita había sido tan alta y tan hermosa; tomó a la niña en el brazo y, envueltas las dos en un gran resplandor, henchidas de gozo, emprendieron el vuelo hacia las alturas, sin que la pequeña sintiera ya frío, hambre ni miedo. Estaban en un mundo mejor.
Pero en el ángulo de la casa, la fría madrugada descubrió a la chiquilla, rojas las mejillas y la boca sonriente... Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo. La primera mañana del Nuevo Año iluminó el pequeño cadáver sentado con sus fósforos: un paquetito que parecía consumido casi del todo. «¡Quiso calentarse!», dijo la gente. Pero nadie supo las maravillas que había visto, ni el esplendor con que, en compañía de su anciana abuelita, había subido a la gloria del Año Nuevo.
VED TAMBIÉN EL CORTO.




martes, 10 de diciembre de 2013

RELATOS NAVIDEÑOS PARA TODA LA FAMILIA (PRIMERA PARTE).


LA LEYENDA DE LA ARAÑA DE NAVIDAD.Orly Borges. 
Hace mucho tiempo, en un pueblecito allá en las montañas, iniciaron los preparativos para la Navidad y como era costumbre, todas las mujeres se pusieron, escoba en mano, a limpiar y limpiar hasta dejarlo todo reluciente para cuando llegaran las esperadas fiestas Navideñas. En una de las casas habitaba una araña que tenía instalado su nido en las vigas del comedor. Viendo temerosa que la escoba se acercaba peligrosamente donde estaban sus pequeñas hijas, las llamó a todas y se las llevó un poco más arriba, donde había un pequeño hueco entre ladrillos y que casi no era visible.
“Allí estuvieron escondidas varios días, hasta que una noche observaron algo asombroso: en el comedor había brotado un árbol con centelleantes  luces y lleno, desde la raíz a las puntas, de toda clase de cosas brillantes y deliciosas.
Las pequeñas arañas estaban muy impacientes y solo querían ir hacia el árbol, pero la mamá araña no les dejó acercarse a él hasta que en la casa solo se oyó el silencio.
Entonces, las arañitas, se deslizaron por sus hilos y bajaron hasta el árbol para ver de cerca todas aquellas maravillas. Se pasearon arriba y abajo mirándolo todo, tocando los adornos con sus patas y dando tantas vueltas que, al final, todo el árbol quedó envuelto en una gran masa de telarañas y el árbol perdió todo su esplendor.
"Justo aquella noche era la noche en que Santa Claus llegaba a las casas para dejar sus regalos”. Se rio mucho viendo lo felices que eran las arañas, pero también sabía que los niños se pondrían tristes cuando vieran su árbol tan sucio y gris.


Así que les preguntó a las arañitas si querían quedarse en el árbol para siempre. Algunas dijeron que sí y otras decidieron volver a su nido. Santa Claus sopló sobre el árbol y, las que quisieron quedarse, se convirtieron en arañitas doradas y sus hilos en bonitas y brillantes guirnaldas que colgaban de las ramas del árbol, haciendo que éste fuera aún más bonito.
Y ésa es la razón por la que muchas personas ponen arañas y guirnaldas doradas en los árboles de Navidad.
LEYENDA DE LA POINSETTIA.
En todo el mundo se conoce una flor, en forma de estrella, como la "flor de Nochebuena", para nosotros "Flor de Pascua". Cuántas veces nos hemos detenido a contemplar sus hermosos colores : rojo y verde. En el mes de diciembre, por todos lados la vemos y llega a convertirse en un símbolo que parece decirnos en cada pétalo: ¡Feliz Navidad! ¿Pero por qué es esa flor y no otra? .
¿Por qué la flor mejicana denominada CUETLAXOCHITL se convirtió en la "flor de Nochebuena"? Hay una hermosa leyenda que data de hace varios cientos de años y que surgió en algún pueblecito mejicano. Dicha leyenda cuenta la tierna historia de una niña, de escasos diez años, cuya madre tenía el encargo de tejer una mantita nueva para el pesebre del Niño Jesús de su iglesia, ya que la que tenía estaba muy vieja y raída. Ella aceptó encantada la distinción que le confería el párroco. Empezó a elaborarla con gran entusiasmo, pero al caer gravemente enferma no pudo terminarla y la dejó a medias en el telar. La niña, preocupada, intentó acabarla, pero sólo consiguió enredar todos los hilos y las madejas. Al día siguiente, al atardecer, empezó la procesión al templo de todos los lugareños y la pequeña, escondida detrás de un gran matorral, llorando, los veía pasar con enorme tristeza, pues su madre seguía enferma y no había mantita nueva para el Niño. De pronto se le acercó una anciana bondadosa y le preguntó qué le pasaba. Lucina, que así se llamaba la niña, le contó toda su pena y la buena mujer la consoló diciéndole que ya no se preocupara, pues su mamá ya había sanado y que debía ocuparse de cortar unas ramas de esa planta que la escondía y que se las llevara como obsequio al Santo Niño.
La niñita, no daba crédito a lo que oía, pero obedeció dócilmente a la señora y con un manojo de aquellas ramas llegó corriendo al templo. Colocó con gran cuidado las varas alrededor del pesebre. Mientras, la gente, en silencio la observaba. De pronto todo se iluminó y de cada rama surgió una enorme estrella roja que entibió rápidamente el ambiente. La niña sonrió pues seguramente el divino Niño ya no pasaría más frío. Llena de alegría salió corriendo y vio que todos los matorrales de la calle y las montañas, lucían estrellas radiantes iguales a las que había en el pesebre y que su humilde presente se había convertido en el más resplandeciente de todos los regalos.
El nombre científico, con en cual se conoce esta bella flor mexicana, es el de "poinsettia" en honor del cónsul norteamericano que, en el siglo XIX, la transportó a los Estados Unidos y, de ahí, fue llevada al resto del mundo.
OS DEJO TAMBIÉN ESTOS  VÍDEOS.