sábado, 23 de marzo de 2013

SEMANA SANTA DE SORIA.

 
Por fin se acercan las vacaciones de Semana Santa, ya nos merecemos un descanso para tomar fuerte impulso y superar la recta final del curso. Estos días son fundamentales en el calendario cristiano en todo el mundo. Conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es una fiesta cargada de significados y simbolismos religiosos, pero también de reuniones y encuentros familiares.
Según el calendario litúrgico se celebrará entre el 24 y el 31 de Marzo del 2013.
En nuestra tierra la Semana Santa es silenciosa y austera y fue declarada de Interés Turístico.
24 de Marzo, Domingo de Ramos.
25 de Marzo, Lunes Santo.
26 de Marzo, Martes Santo.
27 de Marzo, Miércoles Santo.
28 de Marzo, Jueves Santo.
29 de Marzo, Viernes Santo.
30 de Marzo, Sábado de Gloria ( Sábado de Gloria).
31 de Marzo, Domingo de Resurrección ( Domingo de Pascua).
1 de Abril, Lunes de Pascua.


Algunos de vosotros preguntabais el Miércoles de Ceniza que de dónde procedía la ceniza que nos impusieron en la capilla. Bien, aquí tenéis la explicación. Voy a poner, si me es posible, la explicación de lo que celebramos cada día.


DOMINGO DE RAMOS.
Es el primer día de la Semana Santa y uno de los más importantes. Representa la llegada de Jesús a Jerusalem. Los escritos establecen que Jesús llegó montado sobre un borrico, preludio de su Pasión. Al llegar a la Tierra Santa, sus fieles lo recibieron con fervor y gran entusiasmo, por eso este día, tanto en las procesiones como en las iglesias, los creyentes llevan ramas de olivo o de palma, como un símbolo de la fe renovada. Estas palmas se juntan en muchas iglesias para luego ser quemadas más adelante como la fuente de las cenizas usadas en los servicios del Miércoles de Ceniza. 

OS DEJO AQUÍ UN RELATO QUE ME HA PARECIDO MUY BONITO. 

Jeremy y su huevo de pascua.

Jeremy nació con un cuerpo deforme y una mente lenta. A la edad de doce años estaba todavía en segundo de primaria y no daba señales de poder adelantar.

Su maestra, Doris Miller, a menudo se exasperaba con él, pues con frecuencia se retorcía en su asiento y lanzaba gruñidos. Otras veces, hablaba de manera clara y precisa como si un rayo de luz penetrase en la oscuridad de su cerebro. La mayor parte del tiempo, sin embargo, Jeremy le causaba irritación.

Un día la maestra llamó a los padres de Jeremy y les pidió que fueran a verla para una tutoría. Cuando los Forrester entraron en la clase vacía, Doris les dijo: "Lo que realmente necesita Jeremy es una escuela especial. No es bueno para él estar con niños menores que no tienen problemas de aprendizaje. Hay una diferencia de cinco años entre su edad y la de los otros en su aula."

La Sra. Forrester sacó un pañuelo y lloró quedamente, mientras su marido hablaba: "Srta. Miller, no hay escuelas de ese tipo en las cercanías. Sería un terrible golpe para Jeremy si tuviésemos que sacarlo de esta escuela. Sabemos que realmente le gusta estar aquí."

Doris permaneció sentada un largo rato después de que se hubiesen marchado, mirando fijamente la nieve a través de la ventana. Su frialdad parecía filtrarse hasta su alma. Quería simpatizar con los Forrester. Después de todo, su único hijo tenía una enfermedad terminal. Pero no era justo mantenerlo en su clase. Ella tenía otros 18 niños a los que dar clase y Jeremy era una distracción para ellos. Además, él nunca aprendería a leer y escribir, así que ¿para qué perder más tiempo intentándolo?

Mientras ponderaba la situación, un sentimiento de culpabilidad se apoderó de ella. "Aquí estoy, protestando, cuando mis problemas no son nada comparados con esa pobre familia", pensó. "Por favor, Señor, ayúdame a ser más paciente con Jeremy."

Desde ese día, intentó ignorar los ruidos de Jeremy y sus miradas vacías. Un día, Jeremy se dirigió hasta su mesa, arrastrando tras de sí su pierna mala: "Te quiero, Srta. Miller", exclamó lo bastante fuerte para que la clase entera lo escuchase. Los otros estudiantes soltaron risitas entrecortadas y Doris enrojeció. Balbuceó: "¿Co-cómo? Muchas gracias Jeremy. Ahora vuelve a tu sitio, por favor".
Llegó la primavera, y los niños hablaban animadamente de la llegada de la Pascua. Doris les contó la historia de Jesús, y para enfatizar la idea del nacimiento a una nueva vida, dio a cada uno de los niños un gran huevo de plástico. "Ahora quiero que se lo lleven a casa y que lo traigan de vuelta mañana con algo dentro que signifique una nueva vida".
"Sí, Srta. Miller", respondieron los niños (todos excepto Jeremy). Él la escuchó dando muestras de estar comprendiendo lo que decía. Sus ojos no dejaron de estar fijos en el rostro de la maestra. Incluso ni hizo sus ruidos habituales. ¿Había entendido el chico lo que ella había explicado sobre la muerte y resurrección de Jesús? ¿Había entendido la tarea asignada? Tal vez debiera llamar a sus padres y explicarles a ellos el proyecto.
Esa tarde, el fregadero de la cocina de Doris se atascó. Llamó al plomero y esperó durante una hora a que viniera y lo desatascara. Después tuvo que ir al mercado para hacer sus compras, planchar una blusa y preparar un examen de vocabulario para el día siguiente. Olvidó por completo llamar a los padres de Jeremy.
A la mañana siguiente, 19 niños llegaron a la escuela, riendo y hablando mientras dejaban sus huevos en la gran cesta de mimbre sobre la mesa de la Srta. Miller.
Tras acabar su lección de matemáticas, llegó el momento de abrir los huevos. En el primer huevo, Doris encontró una flor. "Oh, sí. Una flor es ciertamente un signo de nueva vida. Cuando en las plantas brotan sus flores, sabemos que ha llegado la primavera". Una pequeña en la primera fila agitó su brazo, "ese es mi huevo, Srta. Miller". El siguiente huevo contenía una mariposa de plástico que parecía muy real. Doris la mantuvo en alto: "una oruga cambia y se transforma en una bonita mariposa. Sí, también es nueva vida". La pequeña Judy sonrió orgullosa y dijo, "Srta. Miller, ese es mío". En el siguiente, Doris encontró una roca con musgo. Explicó que ese musgo también significaba vida que crece aun en una piedra. Billy alzó la voz desde el fondo de la clase: "Mi papá me ayudó", dijo sonriente.
Entonces Doris abrió el cuarto huevo y tuvo que controlarse para no exhibir un gesto de decepción. El huevo estaba vacío. Con toda seguridad debe ser de Jeremy, pensó, y, naturalmente, él no ha entendido mis instrucciones. Si no hubiese olvidado telefonear a sus padres... Para no hacerle pasar un mal rato, con cuidado puso el huevo a un lado y alcanzó otro. De pronto Jeremy dijo: "Srta. Miller, ¿no va usted a hablar de mi huevo?".
Doris replicó desconcertada: "pero Jeremy, tu huevo está vacío". Todos se rieron. Él la miró fijamente a los ojos y dijo suavemente: "sí, pero la tumba de Jesús también estaba vacía". El tiempo se paró. Cuando pudo hablar de nuevo, Doris le preguntó: "¿sabes por qué estaba vacía la tumba?".
"Oh, sí. A Jesús lo mataron y lo pusieron dentro. Entonces su Padre lo elevó hacia Él."
La campana del recreo sonó. Mientras los niños corrían animadamente hacia el patio del colegio, Doris lloró. La frialdad de su interior de desvaneció por completo. Mas tarde ella se ocupó de explicarle a todos los niños que el ganador había sido Jeremy y las razones por ello.
Tres meses más tarde, Jeremy murió.  Aquellos que fueron a expresar sus condolencias se sorpendieron al ver 19 huevos sobre la tapa de su ataúd.  Todos ellos vacíos.




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